Sungata, con su keko de Neftis rosa y morado y su inseparable chicle, encontró una calabaza encendida junto a un árbol retorcido.
De entre la niebla apareció Don Velorio, señalando una linterna abandonada que parecía guardar un oscuro secreto.
Sin pensarlo, Sungata siguió a Don Velorio hacia el pantano, mientras la calabaza comenzaba a parpadear misteriosamente...
De entre la niebla apareció Don Velorio, señalando una linterna abandonada que parecía guardar un oscuro secreto.
Sin pensarlo, Sungata siguió a Don Velorio hacia el pantano, mientras la calabaza comenzaba a parpadear misteriosamente...





