Hace mucho tiempo me topé con este artículo, que hizo que madurara muchas de mis ideas; en ese momento inconclusas. Desde entonces siempre que sale el tema de las relaciones románticas, el artículo que más recuerdo es este.
A Robert Epstein ese concepto le molesta tanto como “Señales de amor” a los fanáticos de “Alta Fidelidad”. Porque es irracional, irreal y basado sólo en mitos. Para el psicólogo estadounidense, doctorado en Harvard, profesor de la U. de California en San Diego, autor de 14 libros sobre sicología y editor adjunto de la revista Scientific American Mind, los occidentales perdemos el tiempo -y nos divorciamos más- por culpa de los clichés amorosos con los que nos criaron. Por eso lleva ocho años investigando una tesis que remece la forma en que vemos el amor en Occidente: como un sentimiento que simplemente “llega” y que se apodera de nosotros y nos impide controlarlo.
La teoría de Epstein suena mucho más conveniente: uno puede aprender a enamorarse de quien quiera y, acá lo más interesante, hacer que la otra persona se enamore de uno también. Sólo hay que olvidarse de la utopía de la media naranja y, como en Oriente, enfocarse en aclarar desde un principio lo que buscamos y lo que tenemos para ofrecer. Si esos aspectos coinciden, es posible que el amor se produzca. Sólo es cosa de tiempo.
TÉCNICAS DEL ORIENTE
Epstein insiste en que la percepción del amor que hay en países como China, Japón e India es mucho más útil y racional. Para él, la clave está en los matrimonios concertados, comunes en esos países: “A pesar de que esa tradición nunca resultaría acá, sí deberíamos aprender cómo funciona, cómo se construye el amor con el tiempo, aunque se casen siendo dos extraños”.
Y eso es lo que ha hecho él. Impresionado por la gran cantidad de matrimonios concertados en India -95% cuando empezó con la investigación, en 2002- y la baja tasa de divorcio -1,1%-, supuso que algo estaban haciendo bien. Y que había que replicarlo.
Para eso, encuestó a más de 800 parejas casadas por acuerdo, de diversas religiones y culturas. A todas les preguntó cómo forjaban el amor entre dos desconocidos. Sus resultados sólo avalaron los obtenidos por la Universidad de Rajasthan, en Jaipur: basados en la Escala de amor Rubin, un sistema de medición que evalúa el estilo intenso y romántico del amor al que estamos acostumbrados, comprobaron que los matrimonios indios tenían un mayor nivel de amor que el de los occidentales al quinto año. Y tras una década casados, el “amor indio” era doblemente intenso.
Según Epstein, lo que hace que los matrimonios concertados funcionen es la disposición al compromiso. Las parejas se casan cuando los padres creen haber encontrado al mejor candidato para su hijo o hija, y ellos asumen el matrimonio como una institución que debe construirse con paciencia. Para el sicólogo, al igual que para los padres indios, la elección de la persona correcta es clave.
Otra característica relevante es exponer y zanjar desde un comienzo los conflictos potenciales. Y como explica Epstein a La Tercera, ése es uno de los mayores problemas en Occidente: “Mientras salimos con alguien, escondemos nuestros defectos y, como nos dejamos llevar por la pasión, omitimos los del otro. Por eso al año y medio o dos años de relación, cuando el amor pasional se acaba, empezamos con frases como ‘antes no eras así’ o ‘has cambiado'”.
Fuente
Opinión personal:
Me di cuenta que el amor romántico no es el más sincero ni mucho menos; sí el más intenso. Pero sincero no. Porque nos adecuamos a unas pautas y normas generales de este tipo de amor más concurrido. Hay cosas que no tienen sentido. (Aviso, esta explicación puede contener lenguaje explícito). Cuando tienes pareja, la idea más extendida es que si te masturbas o si ves pornografía, le estás engañando. ¿Qué sentido tiene eso? Hay patrones que no tienen sentido ninguno. Igual el amor en general no tiene que entender de patrones, en ese instante se materializa y deja de ser algo tan puro.
En parte estoy de acuerdo con este artículo pero mi punto de vista es mucho más emocional, pero no lo suficiente para no olvidar que hay que ser consciente de que no hay que dejarse llevar por las emociones y las expectativas y si de verdad queremos a alguien, le dejamos ser libre. Y que todo fluya. Porque ante todo, somos personas y tenemos nuestra vida, que no se nos olvide.
Spoiler
En “Señales de amor”, Cusack es el príncipe azul que Hollywood y Disney venden porque saben que funciona. Y molesta, principalmente, porque evidencia la idea que tenemos del amor en Occidente: el hombre perfecto que aparece gracias al destino, una mujer esperándolo y la felicidad eterna. Sólo por el hecho de haber encontrado a “esa” persona.A Robert Epstein ese concepto le molesta tanto como “Señales de amor” a los fanáticos de “Alta Fidelidad”. Porque es irracional, irreal y basado sólo en mitos. Para el psicólogo estadounidense, doctorado en Harvard, profesor de la U. de California en San Diego, autor de 14 libros sobre sicología y editor adjunto de la revista Scientific American Mind, los occidentales perdemos el tiempo -y nos divorciamos más- por culpa de los clichés amorosos con los que nos criaron. Por eso lleva ocho años investigando una tesis que remece la forma en que vemos el amor en Occidente: como un sentimiento que simplemente “llega” y que se apodera de nosotros y nos impide controlarlo.
La teoría de Epstein suena mucho más conveniente: uno puede aprender a enamorarse de quien quiera y, acá lo más interesante, hacer que la otra persona se enamore de uno también. Sólo hay que olvidarse de la utopía de la media naranja y, como en Oriente, enfocarse en aclarar desde un principio lo que buscamos y lo que tenemos para ofrecer. Si esos aspectos coinciden, es posible que el amor se produzca. Sólo es cosa de tiempo.
TÉCNICAS DEL ORIENTE
Epstein insiste en que la percepción del amor que hay en países como China, Japón e India es mucho más útil y racional. Para él, la clave está en los matrimonios concertados, comunes en esos países: “A pesar de que esa tradición nunca resultaría acá, sí deberíamos aprender cómo funciona, cómo se construye el amor con el tiempo, aunque se casen siendo dos extraños”.
Y eso es lo que ha hecho él. Impresionado por la gran cantidad de matrimonios concertados en India -95% cuando empezó con la investigación, en 2002- y la baja tasa de divorcio -1,1%-, supuso que algo estaban haciendo bien. Y que había que replicarlo.
Para eso, encuestó a más de 800 parejas casadas por acuerdo, de diversas religiones y culturas. A todas les preguntó cómo forjaban el amor entre dos desconocidos. Sus resultados sólo avalaron los obtenidos por la Universidad de Rajasthan, en Jaipur: basados en la Escala de amor Rubin, un sistema de medición que evalúa el estilo intenso y romántico del amor al que estamos acostumbrados, comprobaron que los matrimonios indios tenían un mayor nivel de amor que el de los occidentales al quinto año. Y tras una década casados, el “amor indio” era doblemente intenso.
Según Epstein, lo que hace que los matrimonios concertados funcionen es la disposición al compromiso. Las parejas se casan cuando los padres creen haber encontrado al mejor candidato para su hijo o hija, y ellos asumen el matrimonio como una institución que debe construirse con paciencia. Para el sicólogo, al igual que para los padres indios, la elección de la persona correcta es clave.
Otra característica relevante es exponer y zanjar desde un comienzo los conflictos potenciales. Y como explica Epstein a La Tercera, ése es uno de los mayores problemas en Occidente: “Mientras salimos con alguien, escondemos nuestros defectos y, como nos dejamos llevar por la pasión, omitimos los del otro. Por eso al año y medio o dos años de relación, cuando el amor pasional se acaba, empezamos con frases como ‘antes no eras así’ o ‘has cambiado'”.
Fuente
Opinión personal:
Spoiler
En ese momento estaba en ese tramo de la vida en el que creía que el amor romántico era el único amor que existía. Y el más verdadero, ya que nos han enseñado que hay que darlo todo por esa persona y construir los pilares de nuestra vida a su alrededor. Por eso es muy común que cuando la relación termina, y todo se desmorona, se suele confundir con el hecho de que sufrimos tanto por esa persona porque estábamos enamorados de ella o la queríamos mucho. Pero aprendí que no se sufre por eso, sino porque construimos nuestra vida a su alrededor, así que es lógico que cuando esa persona falta el duelo emocional se presenta con mucha más intensidad. He aprendido que la clave está en la convivencia, en aprender a quererse. En que los primeros meses son tan intensos porque no se conoce a la persona del todo; y luego te acabas cansando de esa persona o la pasión se acaba.Me di cuenta que el amor romántico no es el más sincero ni mucho menos; sí el más intenso. Pero sincero no. Porque nos adecuamos a unas pautas y normas generales de este tipo de amor más concurrido. Hay cosas que no tienen sentido. (Aviso, esta explicación puede contener lenguaje explícito). Cuando tienes pareja, la idea más extendida es que si te masturbas o si ves pornografía, le estás engañando. ¿Qué sentido tiene eso? Hay patrones que no tienen sentido ninguno. Igual el amor en general no tiene que entender de patrones, en ese instante se materializa y deja de ser algo tan puro.
En parte estoy de acuerdo con este artículo pero mi punto de vista es mucho más emocional, pero no lo suficiente para no olvidar que hay que ser consciente de que no hay que dejarse llevar por las emociones y las expectativas y si de verdad queremos a alguien, le dejamos ser libre. Y que todo fluya. Porque ante todo, somos personas y tenemos nuestra vida, que no se nos olvide.





